Desaparecer dos veces: cuerpo y recuerdo
Foto cortesía de la GACETA.COM.AR En cada marcha del 24 de marzo resuena un grito de memoria, pero también un silencio atronador. Decenas de indígenas, al menos 30 afro-argentinos y más de 500 extranjeros fueron desaparecidos por el terrorismo de Estado, pero sus rostros seguían ausentes de los afiches, los museos y los discursos oficiales. La dictadura también fue racista, clasista y xenófoba, y sus víctimas olvidadas marchaban en otras columnas: las de los que aún no tenían nombre en la historia. En un país donde el gobierno relativizaba los 30.000, esta era la otra memoria, la que incomodaba, la que no entraba en los márgenes del relato oficial. Cada 24 de marzo, Argentina se preparaba para un ritual cargado de ausencias. Las calles iban tomando temperatura, aguantando la respiración antes de estallar. Todavía no llegaban los pasos, pero ya se sentían en el aire. Los cánticos esperaban en gargantas que ensayaban en murmullos, las banderas descansaban dobladas, listas para flam...