Tierra, bala y ricino: así matan a los guaraníes
Desde julio de 2024, Guaíra (PR) es escenario de una escalada de violencia contra los Avá Guarani – Comunicación Social/PF
En Guairá (BR), decapitaron a un joven indígena y colgaron su cabeza como advertencia. Mientras el agronegocio avanza, los Avá Guaraní resisten sin protección, sitiados y silenciados. Las 24 mil hectáreas que les pertenecen siguen frenadas por la Justicia. Y los muertos se acumulan.
La escena no parece real, pero lo es. Una cabeza humana, la de un joven indígena, clavada en una estaca improvisada con una rama de ricino, al borde de un camino rural en Guaíra, Paraná. El cuerpo, arrojado como basura a la maleza. Su nombre era Marcelo Ortiz, lo conocían como Ku’i. Tenía un rostro, una historia, una comunidad. Pero desde el sábado 22 de marzo, es también un símbolo macabro de la impunidad que florece en la frontera agraria de Brasil.
Desde julio de 2024, la violencia en esta región ha tomado la forma de una guerra no declarada. Los Avá Guaraní, habitantes originarios de la Tierra Indígena Guasu Guavirá, retomaron parte de su territorio ancestral. La respuesta fue inmediata y brutal: balaceras, amenazas, boicots, hambre y ahora, una decapitación ritualizada que no deja lugar a dudas. Esto no es solo un crimen. Es un mensaje. Es terror.
Las imágenes del cuerpo mutilado de Ku’i comenzaron a circular en grupos de WhatsApp como una advertencia silenciosa, cobarde, envuelta en pánico digital. Y mientras los voceros de la Policía Federal repiten que “ya se iniciaron las investigaciones”, la comunidad Avá Guaraní sigue sitiadas, perseguidas, herida de muerte. Doce personas baleadas, incluyendo un niño. Decenas bajo amenaza directa. ¿Qué más necesita el Estado brasileño para actuar?
La tierra en disputa —24 mil hectáreas identificadas y delimitadas por la Funai desde 2018— sigue paralizada por una acción judicial impulsada por los municipios de Guaíra y Terra Roxa. Mientras tanto, 165 finqueros siguen plantando soja, criando ganado y negociando con la sangre indígena. El progreso, en esta parte del mapa, se paga con cuerpos decapitados.
Ku’i vivía en Tekoha Jevy. Era un joven trabajador, dicen quienes lo conocieron. El sábado en que encontraron su cuerpo, los Avá Guaraní se encontraban reunidos en Tekoha Hité, en una jornada de reflexión colectiva. Al enterarse del asesinato, algunos caminaron hacia el camino rural y vieron llegar a los peritos forenses. No gritaron. No corrieron. Cantaron. Rezaron. Porque incluso en medio del horror, los pueblos originarios siguen resistiendo con dignidad.
Mientras tanto, la ciudad de Guaíra sigue siendo un campo minado. Allí, un campamento no indígena se instaló a pocos metros del territorio recuperado de Yvy Okaju. Las provocaciones son diarias. Las amenazas, sistemáticas. Las balas, frecuentes. Las políticas públicas, ausentes. Y las alianzas entre el agronegocio, el poder político local y las fuerzas de seguridad, cada vez más evidentes.
Este crimen ocurre a tan solo dos días del inicio de la Asamblea General de la Comisión Guaraní Yvyrupa (CGY), que reunirá a mil líderes guaraníes en Itaipulândia. Será un espacio para el llanto, la organización y la memoria. Porque Ku’i no será una estadística más. Porque su cabeza ensangrentada sobre un tocón no será olvidada.
El dolor no se borra. Se transforma en coraje. Y hoy, los Avá Guaraní no solo cargan con el dolor. Cargan también con la furia de siglos y la esperanza de quienes, a pesar de todo, siguen defendiendo la vida.
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