Chico César: Arte, Resistencia y el Cambio Social en Brasil
Por Melina Schweizer
El sábado 14 de diciembre, Buenos
Aires vivirá una noche histórica con la primera presentación en la ciudad de
"Belezas Pra Nós", el nuevo disco del renombrado compositor brasileño
Chico César. Acompañado por la cantautora ROJOBARCELO, el músico y productor
BLANCA, y una banda de músicos excepcionales, Chico César promete llevar su
característico ritmo y poesía a La Trastienda. En esta nueva aventura musical,
se atreve a explorar nuevos horizontes, cantando y componiendo en español,
portugués e inglés. El público podrá disfrutar de sus clásicos, pero también de
una fresca colección de canciones que renovarán la magia de la música y
celebrarán el poder del encuentro.
¿Qué podemos esperar del disco Belezas Pra Nós?
Belezas Pra Nós es un disco muy feliz, libre y
optimista, a pesar de haber sido concebido durante la pandemia de COVID-19.
Quizás por eso mismo, se trata de un álbum lleno de esperanza. No transmite un
sentimiento de muerte, sino que, a través de la música, combatimos esa
sensación y buscamos transmitir un mensaje de vida para toda la humanidad. La
música y el arte, en su esencia, están destinados a conectar a las personas, y
eso es lo que quisimos reflejar en este proyecto.
Ya lanzamos el disco en São Paulo y
Montevideo, y próximamente lo haremos en Buenos Aires. Este disco, realizado
por artistas argentinos y brasileños y con su origen en Uruguay, fue trabajado
en al menos tres lugares, lo que lo convierte en una verdadera obra
latinoamericana. El espectáculo en vivo no solo celebra las canciones de Belezas Pra Nós, sino que también
incluirá temas de mi carrera, muchos de los cuales son muy conocidos y
solicitados por el público, como A
Primera Vista. Esta canción, que tiene versiones de Pedro Guerra en España
y Pedro Aznar en América Latina, encanta al público al escucharla en su versión
original en portugués.
Es una gran celebración volver a
Argentina para presentar Belezas Pra Nós,
compartir mi nuevo disco, repasar toda mi trayectoria y disfrutar de un
espectáculo maravilloso junto a los artistas invitados.
Mencionas que tu disco nació durante la pandemia, ¿cómo
viviste ese proceso creativo en medio de este evento tan trascendental y qué
lecciones o cambios personales derivaron de ello?
Yo compuse bastante durante el
periodo de la pandemia, hice muchas canciones, más de 200. Grabé dos discos,
uno de ellos es "Belezas para nós", que grabé en Uruguay con Juan
Carlos Barceló, y el otro es mi disco "Vestido de Amor", grabado en
París con artistas africanos, como invitados, y con la participación de músicos
brasileños, africanos y franceses. Además, produje tutoriales enseñando a las
personas a tocar canciones de mi primer disco "Aos Vivos", que es
bastante complejo en cuanto a violín y guitarra.
Fue un periodo de mucha producción, pero también un momento de introspección. Fue cuando me convertí en vegano y dejé de comer proteínas animales, carne, quesos, etc. Así que, en ese sentido, fue un periodo de muchas transformaciones internas para mí.
¿Cómo surge
tu vocación como cantautor, considerando que tu formación es en periodismo?
Yo soy cantautor porque soy
periodista. Desde los 4 años, ya había decidido ser periodista, y fue esa
determinación la que me llevó a estudiar Comunicación Social. Sin embargo, la
música ha sido una parte fundamental de mi vida desde los 8 años, cuando comencé
a participar en grupos musicales en mi ciudad.
A los 14 años, tuve una reflexión
importante: no quería vivir de la
música, sino para la música, para
dejar nacer las canciones que llevaban en mi corazón. Aunque la música era
vital para mí, entendí que no podía depender únicamente de ella para
sobrevivir, por lo que decidí buscar otra manera de ganarme la vida y cubrir
mis necesidades.
Fue así que me lancé al mundo del
periodismo. Trabajé como periodista durante 10 años, pero con el tiempo
descubrí que podía vivir de la música, porque siempre ha sido parte esencial de
mi vida y mi historia.
Entre los 8 y los 15 años, trabajé
vendiendo discos y revistas, y fue en esa etapa cuando descubrí mi verdadero
deseo de ser artista. Vendía discos de grandes figuras de la música brasileña,
como María Bethânia, quienes me influyeron profundamente y me motivaron a
componer y cantar. Con el tiempo, logré hacer realidad ese sueño, y hoy tengo
la satisfacción de que algunas de esas grandes artistas han interpretado mis
canciones.
Sabemos que
tus raíces están en el noreste de Brasil. ¿Cómo ha influido tu entorno en tu
estilo musical y en tus composiciones?
El noreste está permanentemente presente en mi música, porque crecí disfrutando de los cantores populares que pasaban por las rutas de mi ciudad, trayendo consigo la sonoridad de la música nordestina, como el Forró, el Baião, y otros géneros derivados de estos, como el arrasta-pé y el xote. Esa música marcó mi vida en ese momento y la llevo conmigo en todo lo que hago. De hecho, el álbum Beleza Pra Nós tiene mucha alma nordestina.
Tus letras son conocidas por su poesía y su cargado
simbolismo. ¿Cómo describirías tu proceso creativo al momento de componer una
canción?
Soy
un creador bastante caótico. No me reservo un tiempo específico para crear, ya
que mi inspiración surge de la vida misma. Muchas de mis canciones nacen
mientras camino por la calle, como 'Mamã África', que compuse mientras me
dirigía al aeropuerto para recoger a una hermana que venía del noreste de
Brasil. La compuse sin instrumento, en la calle, y la canción me llegó de una
vez.
Una
canción más reciente, 'Pedrada', la compuse cuando regresaba del supermercado,
después de comprar productos de limpieza.
Mi
música nace del contacto con el mundo, no de la introspección. Las canciones
más combativas, las de protesta, surgen de ese contacto directo con la
realidad, de observar el mundo. Tal vez canciones como 'A Primera Vista', que
es más íntima, nacen de una mirada hacia adentro.
¿Cuál es el papel de los movimientos comunitarios en la
transformación social de Brasil, especialmente en las comunidades más
marginadas, y cómo contribuyen a generar cambios significativos en esas áreas?
En cuanto a los movimientos
comunitarios, un ejemplo claro es el Partido de los Trabajadores de Brasil, que
nació en las comunidades eclesiásticas a fines de los 70. Los movimientos
políticos de trabajadores, las comunidades identitarias, las mujeres negras, el
movimiento LGBT, los movimientos negros, los quilombolas, los indígenas y los
afro-indígenas son ejemplos de luchas que hoy en día incluso han logrado llegar
al parlamento, representando nuevas formas de liderazgo. Sin embargo, estos
movimientos enfrentan una fuerte resistencia de los sectores reaccionarios y
conservadores. Un claro ejemplo de esta resistencia es el asesinato de Marielle
Franco, que ocurrió precisamente cuando una mujer negra, proveniente de la
periferia, alcanzaba una posición política significativa en el parlamento
municipal de Río de Janeiro, con grandes posibilidades de convertirse en una
exitosa representante de la nación.
Estos movimientos sociales,
políticos e identitarios influyen directamente en mi música y en mi práctica
ciudadana, ya que determinan cómo me veo en el mundo, cómo me comporto y cómo
me ubico en él. No solo influyen en mi música, sino también en mi postura ante
la sociedad.
Recientemente experimenté un
sentimiento similar en Uruguay, cuando estuve allí una semana antes de las
elecciones. No dudé en llevar conmigo la bandera del "Frente Amplio"
porque, como artista, siento que debo participar en el movimiento latinoamericano
y universal, que trasciende las fronteras geográficas de lugares como São
Paulo, Río de Janeiro y Brasil. Sin embargo, no quiero decir que todos los
artistas deban involucrarse en movimientos políticos o expresar públicamente
sus opiniones políticas.
Todo en el mundo está en movimiento,
y las llamadas 'minorías' en realidad representamos la mayoría de la población.
Las minorías son solo el 20% que retienen la riqueza global, mientras que
nosotros, la gran mayoría, necesitamos una distribución más justa de las
riquezas y un compromiso con la justicia social.
Ahora me gustaría
saber, ¿cómo viviste el gobierno de Bolsonaro?
Viví el gobierno de Bolsonaro con
mucha aprensión y un fuerte sentimiento de resistencia. El movimiento que
percibo de parte de sus seguidores es el de intentar aniquilarnos, y si no
logran aniquilarnos, al menos buscan imposibilitar nuestro ascenso social. Los
negros, los indígenas, las mujeres y los trabajadores fueron perdiendo derechos
adquiridos, incluyendo derechos laborales y hasta derechos básicos como el de
circulación.
Yo viví esta etapa con bastante
firmeza, algo que, con el tiempo, me doy cuenta fue observado por una gran
parte del público, tanto dentro de Brasil como fuera del país. Desde el golpe
contra Dilma Rousseff, yo ya estaba posicionado y preparado para lo que
vendría. Mi postura se mantuvo firme incluso con la prisión de Lula. No lo hago
desde una perspectiva heroica, sino como una postura ciudadana; no había otra
opción que resistir. Resistir participando en manifestaciones, resistir
haciendo canciones, resistir debatiendo en las redes sociales.
Muchas veces, mi propio público me
pedía que dejara de hablar de política, porque no coincidían con mi postura.
Algunos llegaron a pedirme, incluso, que dejara de hablar de estos temas, y mi
respuesta fue clara: 'No puedo callarme, la política está hablando de mí'. No
puedo silenciar mi pensamiento, porque mi música tiene un contenido social.
Artistas como Violeta Parra, Víctor Jara, Gilberto Gil, Caetano Veloso, Chico
Buarque, Bob Dylan y Joan Baez me inspiran, pero también mi propia realidad y
las circunstancias que vivimos. Aunque mis circunstancias sean distintas a las
de esos artistas, creo que el arte y la política deben estar conectados.
Siempre he considerado que como artista, mi postura no debe ser diferente.
El racismo sigue siendo un tema central en todo el mundo.
¿Cómo aborda tu música las cuestiones del racismo y la desigualdad social?
Mi música más conocida, "Mamã
África", está contra el racismo, y, junto a ella, mis primeros discos
abordan temas como el feminismo y el racismo. Canciones como
"Tambores" y "Mandela" también tratan sobre esta
problemática, al igual que "Respete mi cabello, blancos". El racismo
es una amenaza perversa que tiene sus raíces en la esclavitud, un proceso que
despojó a personas nacidas libres y las sometió. Con mi música, intento mostrar
que el racismo puede ser combatido con firmeza, pero también con alegría, a
través de la danza y del cuerpo.
Sé que estos temas son difíciles,
como "África", que aborda la historia de una mujer negra, madre
soltera o abandonada por su marido, que debe criar a sus hijos sola, trabajar
para mantener a su familia y, en muchos casos, incluso mantener al marido. Ella
trabaja en fábricas, tiendas, supermercados... Pero mi música no solo busca
concientizar, sino también invita a bailar. Bailar es una forma de no olvidar
nuestro legado ancestral, nuestra alegría y nuestra libertad de expresión a
través del cuerpo. Poner ese cuerpo libre en las calles, en los clubes, en los
barrios, es una forma bellísima de protesta.
Por eso, incluso las manifestaciones
en las periferias y favelas, como el funk, son muchas veces incomprendidas por
aquellos que vienen de otros contextos y tienden a verlo con desdén o como una
manifestación menor. Pero no es menor; es simplemente diferente. Y, al mismo
tiempo, es una forma liberadora para esas comunidades.
¿Cómo percibes la conexión entre el arte, la religión y la
espiritualidad en tu trabajo, especialmente considerando la fuerte influencia
del sincretismo religioso en la música popular brasileña?
Soy un hombre sin religión, pero no
me considero sin espiritualidad. Creo que el sincretismo está en nuestro ADN
espiritual, ya que nunca dejamos de ser seres espirituales. Artísticamente, me
identifico como un pan-africanista, un hombre que lleva a África en su arte y
en su trabajo. Esto lo intuía desde el principio, pero se reafirmó cuando
comencé a realizar shows en Europa, especialmente en París. Artistas como
Angélique Kidjo y Cheikh Lô me vieron en mis conciertos y me decían:
"Chico, tú eres uno de los nuestros, te vemos como un hermano que vive en
otro lugar". Este reconocimiento reafirmó en mí esa conexión con el
panafricanismo.
Aunque no practico, veo los
terreiros de candomblé y otros templos de religiones afro-brasileñas como un
centro cultural y social. Son como un imán de cultura. Frecuento estos lugares,
especialmente en Bahía, y he observado que muchos líderes ayudan a organizar la
vida social y cotidiana de las personas. Incluso pueden intervenir en
conflictos familiares, como en el caso de un hombre que agrede a una mujer, y
una madre de santos puede llamarlo para mediar, diciendo que eso no está bien.
Esa mediación trae equilibrio social.
Sin embargo, estos terreiros están
siendo atacados últimamente por el crecimiento de las religiones
neopentecostales en estas comunidades, lo que ha generado tensiones. Los hijos
que nacieron en una religión de matriz africana se están convirtiendo al cristianismo
radical, lo que genera divisiones familiares. A pesar de esto, no puedo negar
que estas religiones cumplen una función que el Estado no logra: acercarse a
las comunidades y ofrecer un sentido de esperanza y bienestar terrenal, no solo
espiritual. Los jóvenes y las comunidades necesitan eso, y en muchos casos, los
sectores progresistas han perdido ese contacto real con las necesidades de esas
personas.
¿Qué cambios te gustaría ver en Brasil en términos de
racismo y justicia social, y cómo crees que la música puede ser un puente para
esos cambios?
Creo que en Brasil aún existen
espacios predeterminados para que los afrodescendientes ocupen ciertos roles.
Históricamente, hemos logrado destacar en deportes y artes, especialmente en la
música, pero eso no es suficiente para nuestra comunidad afrodescendiente.
Aunque tenemos grandes futbolistas, sin embargo, queremos ocupar cada vez más
espacios de decisión política, administrativa y económica. Necesitamos ver más
mujeres negras compitiendo por la presidencia de la República y, dentro de
gobiernos progresistas como el de Lula, necesitamos que haya más mujeres negras
y hombres negros en los ministerios, no solo en el Ministerio de Igualdad
Racial o de la Mujer. Queremos que haya afrodescendientes en todos los
sectores, incluyendo gerencias de empresas.
Al final, somos la mayoría en este
país, y nuestra lucha es tanto de corto como de largo plazo. Soy un firme
defensor de las cuotas sociales, tanto en las escuelas como en las
universidades y en los empleos públicos. La sociedad brasileña tiene una deuda
enorme con la población afrobrasileña e indígena, y esa deuda no se saldará de
la noche a la mañana, pero puede acelerarse mediante un sistema de cuotas.
Para concluir, ¿qué mensaje te gustaría dar a los
afrodescendientes argentinos y a los movimientos afrodescendientes organizados,
desde tu experiencia, tu arte y tu trayectoria?
Hermanos y hermanas
afrodescendientes de Argentina, ustedes no son invisibles. Sabemos que existen
y, desde Brasil, queremos que lo recuerden: los queremos, los amamos y estamos
aquí para sumar esfuerzos. Estamos dispuestos a unir nuestras manos con las suyas
y a traer visibilidad a sus comunidades en Argentina. No se dejen oprimir ni
sientan que han sido olvidados por los movimientos negros de Brasil, porque
nosotros los queremos como hermanos y estamos comprometidos en luchar juntos
por la visibilización de sus comunidades.


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